La fórmula preferida del profesor

Las pequeñas cosas. Círculos seccionados y las puertas… galaxias y centellas. El milésimo decimal duerme. Distorsión espontánea. Cien silogismos y una carcajada. Abismo tras abismo cuadri-dimensional. La tortura, el orden y la sorpresa. Una mente errabunda se lamenta. Mueren las pajaritas de papel. Reyes caníbales encarcelan a π. Espirales sin fin retuercen recuerdos. El infinito… miró de soslayo. Racionales en negra pizarra. Inreductible e inreducible.

Islas de hormigón. Tintas. Manos. Perder teoremas en la casa de la alegría. Las puertas. Negativos insumisos alzan la llave de cristal. Complejas longitudes. Raíces cuadradas empapan la coronilla. Las líneas de la cara. Semillas en los ojos. Sombras color verde sobre algoritmos irrespetuosos. Cesa la realidad. Granos de arena en la mano. Soplar sin pulmones. Chapotear sobre fractales de colores.

Luz dentro de la gran ola. Logaritmos contra el pecho. Un vals en las sombras. Mágicas cabezas pensantes. Sueños deformes. Cucharadas de parábolas semicurvas. Armonógrafo sibilino golpea mesas de papel. Trisectrices doblegan al geómetra impaciente. Cigarras generando números primos. Paradojas circulares eligen al candidato. Existe… transinfinito en el “continnum”. Vivir en la pseudoesferea rodeado de trompetas triangulares. Bienvenido al mundo de los puntos dispersos.

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