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“Las cosas no cambian. Cambiamos nosotros. El hombre con una idea nueva es un chiflado… hasta que tiene éxito”.

Estas dos frases de Henry David Thoreau pertenecen a dos libros distintos, están sacadas de contexto y juntas significan algo completamente diferente de lo que su autor quería decir con ellas en el instante en que las escribió. En un mundo como el nuestro, en esta época, la nuestra, que estamos viviendo a sorbos, en que la inmediatez nos ciega y no nos deja ver el contexto global de aquello que leemos y vemos, no entendemos ni discernimos el significado, la relevancia e incluso la influencia que sobre nosotros ejercen determinados libros, canciones, o películas.

Leer no significa juntar letras y palabras, sino comprender y analizar aquello que está escrito. Sólo de esta manera somos capaces de tener inquietudes más allá de una simple búsqueda en internet para saber el nombre de una canción. Probablemente en las últimas cuarenta y ocho horas millones de personas han tecleado en sus ordenadores o en sus teléfonos las palabras: David + Bowie + canción.  También es probable que en los cientos de resultados de esas búsquedas surgiesen varios nombres de canciones del cantante de Brixton tales como: Life on Mars, Starman, Space Oddity, Under Pressure o Hero.

David Bowie, como persona a través de su música se buscó a sí mismo; una búsqueda que queda patente en cada una de sus canciones y discos y nos encontró a muchos de nosotros por el camino. Conectó con aquellos que, fueran o no artistas, fueran o no conocidos, buscaban como él, un espacio en el que sentirse libres y ser ellos mismos. Sabrina Rodríguez plasma muy bien ese sentimiento en su carta abierta al Duque Blanco. Bowie, desde más allá del cinturón de Van Allen, nos enseñó que no importa cuántas veces te reinventes, que no es importante la forma, sino el fondo (a pesar de sus numerosos cambios estéticos a lo largo de las últimas décadas). La influencia que ha tenido y tiene sobre tantos artistas y tantas personas ajenas en apariencia al mundo cultural e intelectual solo es posible si se entiende que este hombre flacucho estaba constantemente agazapado tras una esquina y ejercía de flautista de Hammelin. Cuando todos le seguían hacia esa esquina, daba media vuelta y se trasladaba a otra y otra vez le intentaban seguir.

Una sola persona puede cambiar nuestra percepción de las cosas. Un puñado de canciones pueden hacer tambalear los cimientos de la sociedad, de ponerla al revés. De ponerla patas arriba. Bowie reflexiona acerca de la realidad, transmite sensaciones con una intensidad y trascendencia difícil de alcanzar. La música siempre es cambio, y cambio significa que las costumbres socioculturales e incluso económicas varían dependiendo de la conducta, sobre todo de los jóvenes. El componente diferenciador, el sentirse arropado por algo más importante que uno mismo pero que  al mismo tiempo forma parte de ti. Ese miedo atávico que pone nudos en la garganta a aquellos que se perpetúan en el poder; a los que les gusta que nada cambie. La música modifica la sociedad.

Naoki Urasawa hace exactamente dieciséis años, comenzó a publicar el manga “20th Century boys”. Kenji Endo, protagonista de la historia, cantante y músico que, por razones personales se ve obligado a aparcar su carrera ascendente, se ve envuelto en una serie de circunstancias en las que el futuro de la humanidad depende de lo que hagan él y sus amigos. Éstos deben parar las terroríficas prácticas que un líder político ejerce sobre la población mundial. Kenji cambia el rumbo de la historia con una canción. Una canción que libera a una sociedad alienada por mentiras, por manipulaciones constantes a través de los medios de comunicación, la publicidad y por su puesto la política.  Endo, con una canción cambia aquello de “el amor es triste” de Paul Mauriat. Mediante  texturas y sabores transmite el amor por las pequeñas cosas triviales del día a día; levanta a las masas hacia el cambio y a romper con lo establecido; las incita a recuperar la libertad individual y la colectiva.

Urasawa, dice que se inspiró en el cantante Marc Bolan (T-Rex), en Bob Dylan y en John Lennon, para crear el personaje de Kenji Endo. Sin embargo, el protagonista del manga, tanto a nivel personal, como a nivel musical, transita por diferentes fases de constante cambio. Se reinventa y se redescubre con cada golpe de la vida, con cada paso que da. Probablemente Urasawa pensó que la canción “Bob Lennon” que interpreta Kenji a lo largo de “20th Century boys” es la respuesta al “The times they are a-changin” de Bob Dylan. Lo que no se esperaba, era que el actor principal de su historia se convertiría en leyenda y tendría más conexiones y puntos en común con David Bowie de lo que cabría imaginar. Al fin y al cabo, tanto el uno como el otro, lo cambiaron todo; removieron nuestras conciencias y agitaron nuestros sentimientos.




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